El Capitán Pestilente

Noviembre 23, 2008 at 11:02 pm (Uncategorized)

Esto es algo que escribí para “Literalandia a la Hora”, nuestro periódico en Literalandia -ojalá y funcione el link XD-. Bueno, el asunto es que me gustó y se los cuelgo aquí a ver y se animan para pasar por el foro que, por supuesto, está topísimo.
Besos, especialmente para mi querido Anónimo (L)

NAe.

Sabía que éste era uno de “esos” días; aquellos en que mientras más tiempo te quedaras bajo las sábanas, mejor. Pero no, yo estúpidamente me levanté y salí a buscar algo que reportear para el diario… mala idea. Muy mala idea. Horriblemente mala. Funesta y macabramente mala. La próxima vez que GM me amenazara, le sacaría brillo a mi say y le diría que viniera con todo lo que tuviera. ¿Qué? ¡Ni se atrevan a sentir lástima por él! ¡Él es el malo de la película disfrazado de anciano, calvo y rezongón! Bueno, quizás no sea calvo, ¡pero sí es rezongón!

Resoplé y aparte mi indomable cabello de la cara, a pesar de lavármelo con shampoo de miel no tenía agradable sabor. Lamentablemente la fuerte brisa marina insistía en tirármelo todo sobre el rostro. Eso es lo que me gano por estar en la maldita cubierta de un maldito barco.

¿Qué por qué estoy aquí si no quiero? Fácil, porque tengo un jefe negrero e inconciente. ¿Le importa al todopoderoso y omnipresente GM que yo tenga pruebas y trabajo toda la semana? ¡NO! Él quería que entrevistara al dueño de aquel espeluznante lobo que espantaba a todos los que osaban pasear por la plaza de la avenida imaginación.

Grité de exasperación y me volteé para que el cabello se volara hacia mi espalda. Bien, solucioné un problema, pero me gané otro. Uno piensa que conoce gente siniestra cuando va a la avenida Manto Negro, uno no se imagina que un simple humano pueda ser así de siniestro, uno es demasiado inocente.

Él me seguía mirando como antes de secuestrarme, como si fuera lo más extraño que hubiese visto en su vida. Me di media vuelta, prefería el pelo en la cara, antes que él.

Maldito pirata.

Y eso que yo tenía una predisposición bastante positiva, estaba platónica e irremediablemente enamorada de Jack Sparrow y Will Turner. Bien, ÉL no era así.

Quise sollozar de frustración y desarme sobre la gran y gruesa baranda del norte del bote. ¡Ni muerta asimilaba eso de babor, estribor y demás tonteras! ¡Norte, Sur, Este y Oeste, no son tan especiales, idiotas náuticos!

Uno de los culpables de mi estancia permanente aquí ―a menos que decidan dejarme en alguna isla desierta o, peor, con GM― se me acercó y hociqueó el muslo. Yo lo ignoré, ya había tenido bastante del lobo con afán faldero. Él no captó la indirecta y siguió acurrucándose a mi lado.

―No, por tu culpa estoy aquí ―le recriminé.

Me sentí mal, pareció honestamente dolido.

Bueno, yo tampoco estaba particularmente complacida. Pensé en la cara que pondrían mis profesores cuando les dijera: lo siento, me raptó un pirata y su taimado lobo. No, si no me creían que estaba enferma, menos aquello. Estaba perdida, reprobaría el semestre y tendría que dar las materias el próximo año. Genial, justo lo que deseaba, más tiempo con los psicópatas de los deberes.

Miré sobre mi hombro y el culpable de mis padecimientos seguía ahí, con un absoluto complejo de estatua. Aunque las estatuas eran más limpias, ¡lo único que había a nuestro alrededor era agua y aún así él apestaba! G-E-N-I-A-L.

―Wolf ―gruñó, tal como lo haría mi acompañante peludo; me lanzó otra de esas miradas al estilo de te-odio-y-escasamente-te-soporto y mandó―: vigílala.

¡JA y doble JA! ¿Qué demonios podía hacer yo si hace más de tres días que no veía más que una gran extensión de agua salada? ¿Además de sucio, antisocial y monosílabo era majareta?

El lobo soltó un corto gruñido como si hubiese entendido perfectamente la orden y siguió pegado a mis faldas por el resto de la jornada ―hipotéticamente hablando, claro, me tendrían que amarrar para ponerme una de esas cosas, lo mío eran los pantalones, gracias―.

Ojalá y alguien encuentre esta botella y tenga el buen tino de mandarle mi crónica al estúpido de mi jefe ―y omita todas mis suaves expresiones hacia él―, en fín…

Perdida en alguna parte del Océano Pacífico ―espero, no he visto que pasáramos algún canal ni nada―,

Naedra.

PS: pediría que me vinieran a rescatar, pero dudo que alguien quisiese exponerse al aroma de nuestro capitán…

¡¡El Capitán pestilente!!

Por favor, entiendan que el humor es lo único que me queda.

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