La muerte
Aún tengo pena, no lo puedo evitar. Acabo de publicar (en el otro blog www.naedra.blogspot.com) un poema que escribí a modo de catarsis y, cuando lo terminaba, me pregunté: ¿qué tan triste puede ser que, para encontrarme con la poesía, sólo halle inspiración en el profundo dolor? Bendita o malditamente, el dolor no es ajeno a mí. Es, quizás, demasiado compañero.
En fín, muchos dirán “¡vamos, era sólo un perro!” Yo responderé: “corrígete, colega, era sólo MI perro. Y lo amaba”. Y a su padre antes que él. Ahora ninguno de los dos está y aquello sólo hace que piense en todos y cada uno de los que NO están y debieran. En un cuento escribí:
-¿Qué pensarías si tu madre te sobreviviera y jamás envejeciera? -pregunta un personaje X, medio inmortal.
-Sería feliz -la respuesta de la prota.
Bueno, pues yo también sería feliz. Sería feliz de ver a todos mis seres queridos sanos y no tener que soportar la agonía de su partida. Y po si anda algùn despistado por ahí, ahora no hablo “sólo” de perros.
NAe.