Choque, depre y –cómo no– helado
Pues sí, he vuelto a las filas.
Han pasado tantas cosas en mi vida que bueno, simplemente no pude evitarlo. Escribir está en mi sangre y la sangre tira.
Bien, en orden temporal las cosas son: exceso de helado, límite de la paciencia con la familia, CHOQUE, depresión, atraso en la publicación y cumpleaños.
No quiero envejecer y jamás pensé que diría eso, además, sé que la mayoría gritará: “¡No estás vieja, lo que eres es una zafada!”. También y lo sé. Pero un año más te recuerda todo lo que quieres y no tienes. Mi título sigue esperando por la defenza de tesis, que se haré dentro de este mes sí, pero aún no. ¡Mi libro! Qué tan cerca estuvo, pero que la burocracia y marketing atrasaron –al parecer un libro para los coles tiene que salir cuando lo coles lo pueden pillar–.
Luego, la familia. Por Acheron, la familia. No puedes vivir con ellos y no puedes vivir… mmm, ¿era SIN ellos?
Grrr….
Los amo, pero me colapsan. ¿Alguien entiende?
Y claro, con el estres, tu cabeza se repleta de murciélagos y con una mente atorada, pues, se te cruzan pilares de cemento. ¡Oh, sí! CHO-QUÉ. Mi autito bello y ecológico quedó con su costado derecho abollado y lleno de rasmillones blancos, lo que no sería un problema grave si ése fuese su color. Pero es negro. Black. Noir. Nigérrimo.
Como es de esperar, no pude superarlo sin una escandalosa cantidad de azúcar en forma de helado. De tres leches, manjar y chocolate. Casi dos litros. Así, mi cuenta-de-ahorro-de-culpas se elevó al infinito por las calorías consumidas. Genial.
¿Semanas redondas, no?
¿Puede uno dormir y despertar unos dos meses atrás?
El Capitán Pestilente
Esto es algo que escribí para “Literalandia a la Hora”, nuestro periódico en Literalandia -ojalá y funcione el link XD-. Bueno, el asunto es que me gustó y se los cuelgo aquí a ver y se animan para pasar por el foro que, por supuesto, está topísimo.
Besos, especialmente para mi querido Anónimo (L)
NAe.
Sabía que éste era uno de “esos” días; aquellos en que mientras más tiempo te quedaras bajo las sábanas, mejor. Pero no, yo estúpidamente me levanté y salí a buscar algo que reportear para el diario… mala idea. Muy mala idea. Horriblemente mala. Funesta y macabramente mala. La próxima vez que GM me amenazara, le sacaría brillo a mi say y le diría que viniera con todo lo que tuviera. ¿Qué? ¡Ni se atrevan a sentir lástima por él! ¡Él es el malo de la película disfrazado de anciano, calvo y rezongón! Bueno, quizás no sea calvo, ¡pero sí es rezongón!
Resoplé y aparte mi indomable cabello de la cara, a pesar de lavármelo con shampoo de miel no tenía agradable sabor. Lamentablemente la fuerte brisa marina insistía en tirármelo todo sobre el rostro. Eso es lo que me gano por estar en la maldita cubierta de un maldito barco.
¿Qué por qué estoy aquí si no quiero? Fácil, porque tengo un jefe negrero e inconciente. ¿Le importa al todopoderoso y omnipresente GM que yo tenga pruebas y trabajo toda la semana? ¡NO! Él quería que entrevistara al dueño de aquel espeluznante lobo que espantaba a todos los que osaban pasear por la plaza de la avenida imaginación.
Grité de exasperación y me volteé para que el cabello se volara hacia mi espalda. Bien, solucioné un problema, pero me gané otro. Uno piensa que conoce gente siniestra cuando va a la avenida Manto Negro, uno no se imagina que un simple humano pueda ser así de siniestro, uno es demasiado inocente.
Él me seguía mirando como antes de secuestrarme, como si fuera lo más extraño que hubiese visto en su vida. Me di media vuelta, prefería el pelo en la cara, antes que él.
Maldito pirata.
Y eso que yo tenía una predisposición bastante positiva, estaba platónica e irremediablemente enamorada de Jack Sparrow y Will Turner. Bien, ÉL no era así.
Quise sollozar de frustración y desarme sobre la gran y gruesa baranda del norte del bote. ¡Ni muerta asimilaba eso de babor, estribor y demás tonteras! ¡Norte, Sur, Este y Oeste, no son tan especiales, idiotas náuticos!
Uno de los culpables de mi estancia permanente aquí ―a menos que decidan dejarme en alguna isla desierta o, peor, con GM― se me acercó y hociqueó el muslo. Yo lo ignoré, ya había tenido bastante del lobo con afán faldero. Él no captó la indirecta y siguió acurrucándose a mi lado.
―No, por tu culpa estoy aquí ―le recriminé.
Me sentí mal, pareció honestamente dolido.
Bueno, yo tampoco estaba particularmente complacida. Pensé en la cara que pondrían mis profesores cuando les dijera: lo siento, me raptó un pirata y su taimado lobo. No, si no me creían que estaba enferma, menos aquello. Estaba perdida, reprobaría el semestre y tendría que dar las materias el próximo año. Genial, justo lo que deseaba, más tiempo con los psicópatas de los deberes.
Miré sobre mi hombro y el culpable de mis padecimientos seguía ahí, con un absoluto complejo de estatua. Aunque las estatuas eran más limpias, ¡lo único que había a nuestro alrededor era agua y aún así él apestaba! G-E-N-I-A-L.
―Wolf ―gruñó, tal como lo haría mi acompañante peludo; me lanzó otra de esas miradas al estilo de te-odio-y-escasamente-te-soporto y mandó―: vigílala.
¡JA y doble JA! ¿Qué demonios podía hacer yo si hace más de tres días que no veía más que una gran extensión de agua salada? ¿Además de sucio, antisocial y monosílabo era majareta?
El lobo soltó un corto gruñido como si hubiese entendido perfectamente la orden y siguió pegado a mis faldas por el resto de la jornada ―hipotéticamente hablando, claro, me tendrían que amarrar para ponerme una de esas cosas, lo mío eran los pantalones, gracias―.
Ojalá y alguien encuentre esta botella y tenga el buen tino de mandarle mi crónica al estúpido de mi jefe ―y omita todas mis suaves expresiones hacia él―, en fín…
Perdida en alguna parte del Océano Pacífico ―espero, no he visto que pasáramos algún canal ni nada―,
Naedra.
PS: pediría que me vinieran a rescatar, pero dudo que alguien quisiese exponerse al aroma de nuestro capitán…
¡¡El Capitán pestilente!!
Por favor, entiendan que el humor es lo único que me queda.
Cómo es el amor…
Muchos dicen que el dinero es el motor del mundo, puede que sí. Pero cada motor necesita de una “chispa” que de contacto y, esa chispa, ese puntapié inicial, es el amor. El dinero mueve el mundo, pero el amor es quien le da la razón de existir.

El amor es tan potente que hace que cada persona lo comprenda, puede hacer llorar y reír, puede estremecer el pecho más firme y calentar el corazón más frío. Es imprevisible, inclasificable, incomprensible e imperecedero.
No obstante, tiene tiene un punto negro: es demasiado poderoso.Troya, es sólo un ejemplo del nivel de destrucción que puede desatar. Pero, a pesar de su fuerza, también es débil, requiere cuidado y atención; precisa que quien sea el destinatario se preocupe por él y lo mantenga abrigado junto a sus propios sentimientos.
Al amor no le gusta la soledad, le agrada la compañía. Es capaz de diversificarse y repartirse.
El amor conoce y reconoce.
El amor no cree en el tiempo ni en la muerte, puede vivir años sin palidecer, aguardando por el ser querido y por lo que volverá a ser.
El amor es así y así nos abriga. El amor es nuestra motivación y nuestra decepción, nuestra alegría y pena, nuestra risa y nuestro llanto. El amor es blanco, negro, gris y azul.
Quien pueda vivir sin amor, que publique la fórmula. Sin duda, más de alguien la querría… ¿o no?
Esperanza plateada
¿Alguien me puede decir quién fue el que dijo que la esperanza era verde? ¿Por qué no puede ser plateada?
Yo digo que es plateada y aquí está la asociación de ideas que lleva a esa irrevocable conclusión: la esperanza, es la luz que se ve trás el túnel, afuera del túnel, es de noche, una noche de luna llena, la luna llena irradia una luminiscencia plateada, ergo, la esperanza es plateada.
¿Qué hago yo pensando en estas cosas?
Simplemente estoy contenta y, cuando estoy de buen humor, mis neuronas, de por sí bastante ingeniosas (por no decir deschabetadas), vagan libremente por los recovecos del conocimiento, filosofía y vida en general. Así es como saco todo este tipo de hipótesis y sus demostraciones.
Estoy feliz porque… (ta-ta-tán)… existe una posibilidad (ínfima, pero porbabilidad al fin) de poder publicar uno de mis cuentos. Sí, puede ser que el mundo no esté preparado para mis letras, pero yo sí estoy lista para mandarlas al mundo.
¡Prepárense gente y considérense advertida! Puede que, proximamente, vean en los escaparates de sus librerías preferidas… mi nombre en una portada.
Muajajajajajajajajajajajaja
Home swett home…
Me voy a Viña. No de vuelta, pero sí por una semana.
Se ha apoderado de mí un espíritu de irresponsabilidad que, seguramente, es secuela del extraño y marciano resfrío exponencial que me atacó. Dejo la universidad en un periodo de pruebas, pero gracias a mis queridos y comprensibles docentes, no tendré más problemas que las noches en vela que pasaré cuando vuelva.
No me importa no dormir. No me importa dar las recuperativas. No me importa perder, quizás, una semana de las vacas de invierno. NECESITO ir al hogar.
Este sentimiendo imperativo y demandante viene no sólo de la preocupación por mi familia (hay una extraña ola de enfermedades), si no que proviene, en parte, del profundo estrés que representa esperar los resultados de un fondart.
¡Madre Santa! No se lo doy a nadie, en verdad. Es un estado de nerviosismo de lo más atrós. Reviso la página del Ministerio de Cultura todos los días. Sé que si no declaran “inadmisible” mi proyecto, tengo posibilidades de adjudicármelo. O, por lo menos, no me quedaría por haber sido tan estúpida como para no rellenar un formulario y adjuntar los papeles indicados. Aunque no hay que desmerecer ese proceso… ¡fue un parto!
En fín, me voy a Viña, regaloneo a mi familia y reviso desde allá la página, porque realmente, no espero dejar de hacerlo.
Besos cibernéticos…
NAe.
La muerte
Aún tengo pena, no lo puedo evitar. Acabo de publicar (en el otro blog www.naedra.blogspot.com) un poema que escribí a modo de catarsis y, cuando lo terminaba, me pregunté: ¿qué tan triste puede ser que, para encontrarme con la poesía, sólo halle inspiración en el profundo dolor? Bendita o malditamente, el dolor no es ajeno a mí. Es, quizás, demasiado compañero.
En fín, muchos dirán “¡vamos, era sólo un perro!” Yo responderé: “corrígete, colega, era sólo MI perro. Y lo amaba”. Y a su padre antes que él. Ahora ninguno de los dos está y aquello sólo hace que piense en todos y cada uno de los que NO están y debieran. En un cuento escribí:
-¿Qué pensarías si tu madre te sobreviviera y jamás envejeciera? -pregunta un personaje X, medio inmortal.
-Sería feliz -la respuesta de la prota.
Bueno, pues yo también sería feliz. Sería feliz de ver a todos mis seres queridos sanos y no tener que soportar la agonía de su partida. Y po si anda algùn despistado por ahí, ahora no hablo “sólo” de perros.
NAe.
Literalandia
http://literalandia.foroes.net/index.htm
Literandia, es un foro ameno y familiar, que ha sido creado por escritoras amantes de las letras, con el único fin de disponer de una plataforma, en la cual se pueda mantener un diálogo con otras personas amantes de las letras y participar de una sana retroalimentación literaria.
Además, posee una parte en la que los “literandeses” pueden participar de un mundo imaginario y novedoso, donde pueden encontrar una casa, trabajar o simplemente compartir con otros foristas.
Entretenigo, amigable, educativo y satisfactorio, así es Literalandia. Un pedazo de sueño en la web.
Mujeres… ¿por qué somos así?
Realmente me encantaría poder decir que siempre actuamos bajo la luz del más perfecto y racional comportamiento lógico, pero no. No siempre hacemos lo que deberíamos, o lo que, en su defecto, es lo que “debiera hacerce”. A veces, tenemos un monstruo peludo y horrible (que por supuesto es masculino) que insiste en sembrar en nuestras impecables mentes alumbradas, la insidia, duda, deseo y anhelo.
Sí… porque a veces, amigas mías, despierta en nosotros esa repentina necesidad de cambio que alimenta los más perfectos desastres. ¿Por qué? ¡Demonios, ¿por qué?!
Sí, al principio estábamos perfectas. Nuestro cabello estaba del largo que habíamos tardado un año en conseguir, o por fín el color había vuelto a ser el normal… ¿por qué demonios de los demonios le hacemos caso a ese funesto mostruo?
Y, ya que estamos en eso… ¿por qué el cabello es siempre el afectado?
Que me parta un rayo si lo puedo explicar.
Aviso que, lo que viene a continuación, será una catarsis, así que si andan sensibles, por favor, no lo lean.
Yo andaba feliz por la vida con mi cabello al aire, hermoso, perfecto y con el color de nacimiento (luego de recuperarlo despues de un año de dejarme la “cagá”). Entonces, el ya definido mostruo asqueroso de la duda, comienza a sembrar peligrosas ideas… ¿cómo me vería si…?
¡La respuesta siempre es HORRIBLE!
Pero no, yo (la idiota) va a la peluquería y paga lo indecible (idiota, pero con el orgullo suficiente como para no confesarlo) para que me hagan unas “mechitas” (entiendase algo tenue, suave, que pase casi desapercibido).
Demonios, yo y mi estupidez.
Por supuesto, la vida no es así de sencilla, porque resulta que llegué a este mundo con una disque “pigmentación”, entonces ESA cosa (en realidad yo dudo también de la mujer implicada y armada con químicos que asaltó mi cabeza) es la que hace que unas hebras que debían ser finas y sutiles, queden rojas, pero rojas, color sangre y algunas -Dios sepa cómo- queden rubias.
Y ahí estaba yo, en aquella silla frente a ese enorme espejo… cuando me sacaron la toalla de la cabeza, a mi ya me dolía el estómago y… -las imágenes, tendré pesadillas-, en fín, me entró un trauma que generará una úlcera en algún momento de mi vida futura. Y lo peor es que… PAGUÉ POR ESO!!
Me dieron ganas de llorar.
Al final le di tanta pena a la peluquera, que me enjuagó todo el pelo con una cosa que no sé qué era y que me dejó el cabello de un negro que brilla rojo a la luz y con las estúpidas mechas igual de claras (del color que yo jamás quise, por cierto).
Resignada y aguantando las lágrimas y pucheros, me levanté, siempre digna (aunque a veces cuesta) y fui a pagar. Sí, a pagar, mientras me prometía por millonésima vez que: NUNCA MÁS VOY A HACER (NI DEJAR QUE ME HAGAN) NADA EN MI ESTUPIDO PELO ROJIZO (que cuando está al natural lo amo, es es lo triste).
Salí caminando de allí, sintiendo todas las miradas en la espalda. Pasé cerca de cualquier lugar en que pudiera ver mi reflejo y tratar de convencerme que no era taaan terrible. Sólo lograba pensar: “Me gustaba tanto antes”.
Pero… ¿Saben qué es lo peor? Es que sé que cuando vuelva a recuperar mi pelo, volveré a estropearlo y es, ESO, es lo que no entiendo.
¿Por qué lo hacemos?
Estoy muy vieja para esto…
Sí, cuando estaba sentada sobre mis posaderas, en plena ciclovía de Iquique, con las manos sucias por la caída y las miradas sonrientes de todo mi público, me acordé del policía compañero de Mel Gibson en Arma Mortal, cuando en la última película no deja de repetir la frase: “estoy muy viejo para esto”. Yo sólo quería andar en patines, pero ¿qué pasó?… ¡Me pilló la tecnología gente! Eso fue lo que pasó. Los antiguos, conocidos y amados patines en línea están, oficialmente, OUT. Ahora, existen una aleaciones mutantes con dos grandes ruedas de distinto tamaño que van en una trayectoria oblicua desde fuera hacia dentro. Supuestamente para mejorar la postura y no deformar los tobillos ni rodillas, según yo… fue una perversa invención financiada por las fábricas de yesos, analgésicos, curitas y povidona yodada (o bialcohol, la tortura que usted elija). Recorrí 20 kilómetros y durante esa hazaña, realicé las siguientes acciones:
-Me caí estrepitosa, teatral y escandalosamente… una vez (gracias a Dios). Si antes no estaba contenta con mi retaguardia, ahora agradezco por el acolchado.
-Aleteé como un millón de veces tratando de recuperar el equilibrio.-Solté más maldiciones que un borracho.
-Despotriqué contra todos los supuestos “genios” que diseñaron una ciclovía con escaleras, peldaños y sin conexiones. Los postularé para los premios Nóbel.
-Esquivé a un millón de “pendex” y saqué una conclusión muy importante: los niños NO tienen sentido de auto conservación. ¡Se tiran a los patines como polillas al fuego!
-Odié a todo el mundo por ser tan estúpido como para asumir que si uno anda encaramada en esas cosas, las sabe usar. ¿Es que no me veían la cara?
En fin, a pesar de todo, no maté a nadie y no me quebré hueso alguno. Además, me di el gusto de sacarle fuego a las ruedas en un tramo desocupado y liso.
Saludos y besos de choco.
NAe.
PS: Debo aprender a frenar.
PS2: Luego les cuelgo una foto de los míos, esta la saqué del google.
¿Por qué siempre princesas?
Sin importar lo racional o poco femenina que seamos, siempre soñamos con ser princesas.¿Por qué no podemos soñar con ser ejecutivas, millonarias, o algo así?Y no es que no deseemos eso también, lo que digo, es que al final, luego de todo lo que nos podamos inventar y proyectar, siempre (¡siempre!) esperamos que cuando todo el proceso acabe, seamos nosotras las princesas.Tampoco se precisa el castillo ni toda la parafernalia, pero sí, lo que ninguna discute, es la OBLIGATORIEDAD del príncipe. Y sino, nos sentimos estafadas. No puede ser nada menos que eso, un condenado príncipe.¿Será una especie de masoquismo unido a la maldición del ciclo femenino? Es que si ya nos han “vacunado” con algo así, porque no sumarle algo aún más lioso y problemático.Apuesto, inteligente, galante, romántico y perfecto en TODO sentido. ¿Alguien se ha parado a pensar alguna vez lo difícil que es eso? ¿Por qué Disney no se da con la realidad de una vez y asume que NO EXISTEN esos especimenes? Y de paso debería admitir que nosotras tampoco somos perfectas, mira que atormentarnos con cinturas más estrechas que la tapa de un bebida, rostros angelicales y voces encantadoras. ¡El colmo! Lo único que se logra es mortificar a las pobres niñas (dentro de las que me incluyo en retroactivo) que trizan ventanales enteros cuando tratan de cantar. ¿Y los hombres? ¿Tienen ellos alguna “tranca” de este estilo con la que atormentarse? Claro, ellos se quedarían feliz con una Pamela Anderson, pero hasta eso es más fácil de conseguir: dinero, buenos doctores y una espalda resistente. Nada comparado con la búsqueda de un (ta-ta-tán) ¡Príncipe Azul! ¿Conclusión? Hemos llegado a otra desventaja e injusticia de género señoras.Porque silicona no es difícil, pero la perfección, magia y misticismo de los príncipes con que (conciente o inconsciente, voluntaria o involuntariamente) soñamos es prácticamente imposible. Así que, tenemos dos alternativas queridas contertulias (ya que este cacho se ha vuelto decididamente feminista)… o repasamos todos esos clásicos que amamos, o leemos todas esas novelas que grandes mujeres como Sherrilyn Kenyon, Johann Lindsey, Jude Deveraux y tantas otras nos han regalado.¡He dicho!¡Arriba Ash, abajo la Diosa Vaca! NAe.
